En una cultura tan visual como la nuestra, un buen diseño tienen el poder mostrar, más que en ninguna otra época, el verdadero sentido de un concepto publicitario, filosófico o político. Sin duda, la época actual está llena de estímulos, vivímos inmersos en un mundo lleno de color, movimiento constante y sonido estridente,en un mundo caótico en el cual es difícil que un mensaje llegue a su receptor de una manera clara y con la consistencia necesaria como para no ser olvidado inmediatamente.

Ese es el gran problema de los mensajes actuales, muchos responden a la moda gráfica del momento y se pierden en un mar de “siempre lo mismo”, otros en cambio, no logran impactar lo suficiente a un nivel puramente visual, dejando que el mensaje en sí se diluya. Los demás, son copias de magníficos conceptos que pierden totalmente el sentido ante la falta de creatividad y el manoseo artístico (fenómeno cada vez más frecuente en la publicidad).

Hablar con el público, el usuario, el “target”… como quiera llamarle, es igual que hablar con alguien a quien se ama. La comunicación es la misma, requiere una gran cantidad de honestidad, de sensibilidad y de muchísimo sentido de la oportunidad.

El diseñador de nuestro mundo debe ser no solo creativo, sino también sumamente sensible al momento, a su interlocutor y al mensaje. Por eso la intuición, que es el resumen de todas estas cualidades, es más que una necesidad, es la característica más importante con la que debe contar un buen diseñador, un buen comunicador o el mejor de los amantes.